Por qué importa poder elegir el mal en los juegos educativos

Introducción: un poco de autopromoción

Buenas noticias: el prototipo de nuestro videojuego, Influencer Solitaire, lleva en línea desde febrero, y no hemos parado de mejorarlo desde entonces.

Puedes probarlo desde un ordenador en: https://yuzupulse.itch.io/pixelmedia-videogame

 

Lo que hemos aprendido en nuestras primeras sesiones con estudiantes y educadores

Desde finales de febrero, los socios del proyecto han lanzado la fase de prueba de los recursos, y especialmente del videojuego.

Estas pruebas se realizan con educadores (tanto en contextos formales como no formales, y en formación) y con jóvenes (estudiantes de secundaria y universidad, y jóvenes de entre 16 y 30 años en contextos educativos formales y no formales).

Las pruebas nos permiten no solo valorar si el juego funciona para enseñar alfabetización mediática, sino también recoger opiniones sobre qué elementos funcionan bien y cuáles no tanto.

 

¿De qué va el juego?

“¡Juega bien tus cartas y dados para convertirte en influencer! Empieza desde cero y elige con cuidado cada acción para subir peldaños en la escalera de la influencia.”

En este entretenido juego de cartas, tú decides cada movimiento y ves cómo tu visibilidad crece día a día, con el objetivo de convertirte en el mejor, como nadie lo fue jamás.

Puedes optar por decisiones éticamente correctas y rechazar difundir bulos, o pasarte al lado oscuro sembrando el odio en la comunidad para conseguir toda la visibilidad que eso trae.

Aunque hay condiciones de victoria y derrota, no dependen de si juegas de forma ética o no.

 

En este artículo explicamos por qué creemos que es importante que los juegos educativos ofrezcan la posibilidad de tomar decisiones cuestionables.

5 razones por las que importa poder elegir el mal en un juego educativo

Libertad para jugar

Si quienes juegan sienten que se espera un comportamiento concreto, y que el juego se parece demasiado a lo que hacen en clase, puede acabar sintiéndose como un examen disfrazado. Ofrecer la tentación de decisiones moralmente grises o directamente oscuras no solo añade emoción al juego, sino que también da a las personas que juegan la libertad de elegir su propio camino.

Esa sensación de libertad refuerza el sentido de autonomía, y eso, a su vez, aumenta la motivación.

 

La autonomía refuerza la motivación

Si el juego ofrece varias formas de alcanzar un objetivo, activa la creatividad y la curiosidad de cada persona para crear su propia estrategia o explotar una al máximo.

Quizás alguien decida atizar a los haters y difundir bulos para conseguir visitas fáciles. Si hemos hecho bien nuestro trabajo, esa estrategia tendrá sus propios retos y consecuencias.

(Seguimos ajustando el equilibrio del juego hasta este verano)

 

Lo que haces en el juego vs. lo que haces en la vida real

Las personas que juegan saben distinguir entre lo que hacen en un juego y cómo se comportan en la vida real. En el mundo real, tomamos decisiones con la mejor información disponible en ese momento. En un juego, podemos experimentar y probar cosas… simplemente porque podemos.

Na primer, u igri Influencer Solitaire, možete ostaviti slavinu da teče da bi patkica bila srećna. U stvarnom životu verovatno nećete to raditi.

Comparar las decisiones de cada persona

Distintos jugadores explorarán formas distintas de jugar. Algunos se centrarán en actuar de manera ética, otros intentarán tomar las peores decisiones posibles, y otros simplemente optimizarán sus métricas y resultados.

Esto te da, como educador o educadora, una oportunidad fantástica: dejar que cada persona explique cómo tomó sus decisiones y debatir cómo eso se traduciría en la vida real.

 

Aumenta la participación en la actividad pedagógica

A partir de ese debate, puedes abrir la conversación para que quienes participan compartan lo que ven en sus propios medios y en su realidad digital. Así descubres qué les preocupa, cómo completar mejor su formación en alfabetización mediática y, sobre todo, qué podría motivarles a informarse de forma más crítica.

 

El mundo no es bueno ni malo

Sí, esta es la sexta razón, quizás nosotros también somos un poco caóticos.

Nuestro mundo es complejo, lleno de capas y contradicciones. Cada día pasan cosas buenas y también cosas malas. Lo mismo ocurre en internet: puede ser un espacio de conexión, creatividad y aprendizaje, pero también un lugar donde aparecen contenidos dañinos, engañosos o peligrosos.

Como educadores y educadoras, no podemos mirar hacia otro lado ante esa complejidad. De hecho, mirarla de frente es una de las cosas más valiosas que podemos hacer con el alumnado. Analizar lo que no queremos que ocurra (los riesgos, los errores, los rincones oscuros) da a los jóvenes las herramientas para reconocerlos, pensar críticamente sobre ellos y saber cómo responder.

Analizar ejemplos difíciles o negativos no pretende asustar a nadie. Se trata de construir una conciencia real. Porque quien nunca ha tenido la oportunidad de reflexionar sobre lo que puede salir mal está mucho menos preparado que quien sí lo ha hecho.